- “Hola. ¿Eres Ross?. Fuimos juntos a la universidad, distintas clases.”
- “Mmm permíteme, soy un poco torpe para acordarme de las caras, no te recuerdo. Eres…”
- “Es normal que no me reconozcas por qué nunca mantuvimos ningún tipo de conversación. Solo sé que te sentabas delante de mí todos los días en la cafetería de la facultad de filosofía. Por cierto, soy Mine, ¡encantada!”
- “Ross, aunque veo que ya lo sabes…” –se produjo un pequeño momento de tensión, pero continuó- “…encantado. Ahora que lo dices ya sé quién eres…”
Volvamos atrás hace 3 años aproximadamente.
Hola soy Mine, estoy estudiando en la facultad de profesorado. Llevo poco tiempo pero estoy un poco agobiada, tal vez me tendría que haber tomado un tiempo de vacaciones para dedicarlo a mí, pero no es así. Me lo tomaré con calma este año. Es mi primer día. Tengo clase ahora pero decido ir a la cafetería. Cuando llego comienzo a buscar sitio, pero ni siquiera un sitio libre para mí. Esta cafetería es un asco, pequeña y sin las napolitanas q tanto me gustan, decido irme a otra.
En el momento que cruzo la puerta para dirigirme a otra facultad miro atrás. Un grupo de chicos y chicas, bastante grande, están cantando el cumpleaños feliz a uno de ellos. Su nombre es Ross, es un chico bastante agradable y parece majo. Un día le diré algo, intentaré cruzarme con él.
Entonces una de las chicas, abrazada a él dice:
- “Vamos Ross, una tarta nos espera en la cafetería. Hay que celebrarlo.”
Decido girarme y seguir mi camino mientras pienso en volver a la cafetería de la que vengo para coincidir con él. Pero no, no hay napolitanas. Iré a la de filosofía.
Cuando llego allí, mi primer día, me encuentro una cafetería bastante grande. Con miles de sitios en los que puedo elegir para sentarme. Hay una parte bastante solitaria y decido sentarme ahí, con mi napolitana, pensando en ir a clase o irme a casa.
Llevo dos minutos pensando y creo que ya lo tengo claro, me quedaré aquí un rato más. Han entrado por la puerta todos los del cumpleaños. Y ese chico. Creo que tengo un objetivo y es cruzarme con él y contarle algo, me gusta.
Todo el grupo se sienta en las mesas de mi lado y él se sienta en el asiento que hay delante de mí. Es inevitable no mirarle.
Al día siguiente, decidí ir a clase simplemente por ver al chico este. Ahora mismo era mi única motivación para ir a la universidad. Conocer a gente y poder charlar con alguien normal. En mi clase, eran todos unos niños agrupados unos con otros y sin querer saber nada más de nadie. A mí tampoco me apetecía conocerles.
Efectivamente ese año y cada día del año eran prácticamente iguales. A la misma hora, en la misma cafetería, mismo sitio y alrededor de la misma gente. Decidí llegar más haya el día que yendo a casa me crucé con Ross. Él ni me miraba, lógicamente no sabía ni que yo existía.
Al momento de pronunciar un “Hola, ¿que tal?”, “¿Qué hora es?”, etc… mis cuerdas vocales se quedaban paralizadas y no pronunciaba ni una sola palabra. Así durante mucho tiempo hasta que un día, dejamos de vernos. Los días eran eternos y la cafetería cada vez me gustaba menos.
Después de mucho tiempo sin vernos, personas pasajeras pasaban por mi vida.
Un día, como otro cualquiera fui a la universidad, esta vez para ver unas notas pendientes. Cuando iba por el pasillo, sonó el móvil. Lo busqué impaciente, era temprano y no solía recibir llamadas a esas horas. Contesto, era mi amigo Joan para preguntarme donde se veían las notas.
No sé si por casualidades de la vida, esa llamada fue crucial para lo que me iba a pasar a continuación.
Mientras guardaba el móvil en el bolso, mi búsqueda de notas continuaba. Andaba por el pasillo con la cabeza gacha buscando la funda. Por fin la encuentro, levanto la cabeza y algo inesperado estaba a punto de pasar.
En el momento en el que levanté la cabeza, Ross (ese chico al cuál llevaba casi tres años sin ver) se cruzaba en mi camino, ante mis ojos, a punto de abandonar la facultad.
No sé por qué pero fue algo inconsciente lo que me hizo pronunciar esas palabras. Veía ante mis ojos la oportunidad que siempre tuve de hablarle y que no hice. También me ayudo a pronunciarlas el no verle llegar y el no tener que pensar que decirle mientras los segundos eran eternos en esos instantes en los que sus pasos se acercaban. Entonces, simplemente, actúe:
- “Hola. ¿Eres Ross?. Fuimos juntos a la universidad, distintas clases.”
- “Mmm permíteme, soy un poco torpe para acordarme de las caras, no te recuerdo. Eres…”
- “Es normal que no me reconozcas por qué nunca mantuvimos ningún tipo de conversación. Solo sé que te sentabas delante de mí todos los días en la cafetería de la facultad de filosofía. Por cierto, soy Mine, ¡encantada!”
- “Ross, aunque veo que ya lo sabes…” –se produjo un pequeño momento de tensión, pero continuó- “…encantado. Ahora que lo dices ya sé quién eres…”
Por fin hice lo que hace tres años no me atreví hacer, hablarle. Di el paso y ahora solo necesitaba no perderlo. Le pregunté por la carrera, estuvimos hablando un buen rato de ello, y al fin me acompaño a por las notas.
- “¿Cómo qué te has fijado en mí? Nunca lo hubiera imaginado. Eras la chica que nunca faltaba en la cafetería. Siempre me quede con las ganas de saber que estudiabas, pero acabé la carrera y nos dejamos de ver. Qué casualidad encontrarnos hoy.”
- “Yo nunca imaginé hablarte, soy demasiado cortada con estos temas. Pero ahora que te conozco, ¿te apetece una napolitana?”
Los dos sonreímos y fuimos directos a desayunar a la cafetería de la cual no salíamos.
Recordando todo esto me doy cuenta de que las cosas vienen dadas por casualidades de la vida.
Si la facultad de magisterio hubiese tenido una cafetería en condiciones, sitios libres y una napolitana para mí, nunca hubiese conocido la cafetería de filosofía. Pero la conocí. Y sí esta no hubiera estado bien, me hubiera ido a otra y si no llega a ver esa zona solitaria a la cual opte por sentarme y estuviera llena de gente nunca me hubiera sentado en el sitio en el que lo hice, y si ese día inesperado no hubiese sido el día que nació él, nunca me hubiera girado, y no olvidar la llamada al móvil que fue el punto clave para que mis palabras no se perdieran dentro de mí y así no dejar que Ross, mi presente y futuro, se fuese..
1 comentario:
Jejeje, no cambiarás nunca, siempre vas a pensar q las cosas surgen solas. Espero q te vaya bien así guapa
FDO: Un Zaragozano
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